sábado, 16 de junio de 2018

Jesús completo

Mucha gente piensa que las palabras de Jesús nos descubren a Dios o, cuando menos, hablan sabiamente de Dios y de la vida. Estoy de acuerdo. Pero esto sólo es una parte del mensaje de Jesús. Porque Jesús habla con toda su vida: con su actitud, con los gestos, con el tono de voz, con la mirada... incluso con sus silencios.
Las palabras aisladas no serían nada. Las palabras de Jesús sin su vida que las llena de sentido quedarían vacías. Quizás alguien pueda hacer de mensajero sin saber qué dice el mensaje que trae, pero lanzar una propuesta sin el aval o el apoyo de la persona que la hace no tiene ningún tipo de interés ni de consistencia. Y el evangelio, ya lo hemos dicho, no es un mensaje neutro sino un reto y una provocación. Las palabras de Jesús son una propuesta que no sería nada sin su vida, sin su testimonio.
Si queremos descubrir a Dios la vida de Jesús, no sólo sus palabras, es una ocasión inmejorable. Toda ella, en conjunto, nos habla. Más aún, no se limita a hablar, sino que lo hace cercano, lo hace visible y palpable. Jesús con su forma de vivir hace presente las maneras de hacer de Dios. Hay un concepto que define muy bien qué es eso de gestos y palabras que hacen presente a Dios. Es el concepto de sacramento. Por eso decimos que la vida de Jesús es sacramento de Dios, que él hace experimentable aquel que está más allá de todo.
Si tú quieres sacar partido del mensaje de Jesús no te conformes con aprovechar algunas de sus ideas para hablar y reflexionar sobre Dios, como se limita a hacer cierta teología y cierta catequesis. Tú también puedes verlo, tocarlo, saborearlo... Tú puedes experimentarlo. Rehacer la experiencia de Jesús, hacerla tuya, continuarla, ampliarla, actualizarla te sitúa en su perspectiva, en sintonía con sus preocupaciones y prioridades, te implica en sus actividades, define una forma de relacionarse con los demás y una manera de buscar la felicidad... y también te acerca a Dios.
Si haces tuya la experiencia completa de Jesús podrás hacer experiencia de su Dios, gustar, aunque sea mínimamente, su presencia aquí y ahora.

domingo, 3 de junio de 2018

Retomar el camino

El punto de partida para conocer Jesús son los evangelios. Sí, se trata de escritos antiguos que tienen un lenguaje que hoy nos puede sonar extraño. Pero no todo te resultará lejano: hay gestos, momentos, frases, situaciones... que son sorprendentemente actuales. Estos detalles son los pasillos que hacen posible acercarse a Jesús. Y eso es suficiente por ahora, no es necesario saberlo todo, se trata, de momento, de empezar a hablar.
Pero, ¿qué podemos esperar de los evangelios y de nuestro diálogo con Jesús? Algunos buscan consignas sobre cómo actuar, otros descubrir algún secreto del más allá que ponga remedio a sus dudas... Lo que yo he encontrado son retos. Y te propongo que, si no quieres quedar decepcionada, te lo tomes también como un reto. No esperes grandes explicaciones, ni respuestas o soluciones ya dadas, escucha las propuestas que se te hacen y trata de responder. Jesús hace propuestas constantemente: seguidme, haced esto, id a anunciarlo, subid a la barca, venid y lo veréis, decidle que venga...
Los evangelios son un reto y una provocación, una invitación a dejar de lado la forma habitual de mirar las personas y de hacer las cosas. ¿Qué quiere decir felices los pobres... y los humildes... y los perseguidos? De verdad ¿tienen motivos para ser felices? Las bienaventuranzas son una provocación. De entrada no son felices y las grandes promesas tampoco les harán felices.
Jesús habla de personas, a menudo, invisibles, habla de su felicidad, a la que tienen derecho, y los pone al principio de su lista de urgencias. Es una llamada, una reivindicación, un deseo serio de cambiar las cosas, una crítica a todas las situaciones que desprecian a las personas.
Si tú respondes, sólo si respondes y te acercas a los que lloran, los que pasan hambre, a los maltratados... podrás llegar a entender algo del mensaje de Jesús. Primero es necesario que reacciones, que te preocupes, que te indignes, que pruebes de hacer como Él y luego entenderás qué significa su actuación y podrás comprender el valor de sus palabras.
Si no pruebas de ponerte en la piel de Jesús, no entenderás nada de los evangelios. La única forma de conocer a Jesús es seguirlo: intentar retomar, continuar, las líneas de trabajo que Él hizo suyas, responder a los retos que Él se planteó, participar en sus luchas y vivir a su lado los éxitos y los fracasos de su proyecto.
Para entender Jesús y su evangelio no te puedes quedar como una simple lectora o una espectadora. Hay quien para acercarse a Jesús se imagina que es uno de los discípulos que le está escuchando o alguien con quien Jesús se encontró por el camino. Es un buen recurso. Pero en algún momento deberás pasar de observarlo a hacer tú lo que hace Él y convertirte en la protagonista de una nueva historia.

jueves, 7 de julio de 2016

Como un espejo

Cuando hablo de rehacer la experiencia de Jesús, quiero decir, evidentemente, que Él es un referente extraordinario para crecer y madurar como persona. Pero también te estoy diciendo que el principal recurso para vivir la fe no está fuera de ti sino que está en tus manos: es la forma con la que tú te tomas y vives tu vida.
Hay un malentendido bastante habitual que es confundir rehacer con imitar. Jesús más que un modelo a imitar quiere ser una llamada, una provocación, un reto... Sí, Él abre caminos en el terreno de la espiritualidad y propone nuevas actitudes y criterios alternativos para interpretar la vida pero al fi i al cabo Jesús es sólo el punto de partida de esta búsqueda. Tú tienes que decidir qué quieres hacer y buscar respuestas a muchas situaciones que Él no vivió personalmente.
Es curiosa la propuesta que hace Jesús a Pedro y Andrés que son pescadores. Los pregunta si quieren ser pescadores... de hombres. Se trata de un juego de palabras y de una oferta de cambio de vida pero también está la idea de que ellos deben ser lo que ya son: pescadores. Otras veces Jesús dice a la persona con la que se encuentra haz lo que has dicho. Jesús te propone hacer, ni más ni menos, lo que tú misma quieres hacer pero que por miedo o por lo que sea no acabas de hacer nunca.
El primer efecto que tiene el encuentro con Jesús es encontrarte contigo misma: Él te hace de espejo. Y hace que te des cuenta de lo que eres o podrías ser, de lo que quieres, de lo que te hace daño o de lo que tienes que superar... La mirada confiada de Jesús te ayuda a encontrarte contigo tal como eres, cara a cara, con los rincones más profundos de ti misma. Y no se trata exactamente de que tu descubras algo nuevo sino de reconocer quién eres realmente, de aceptarte tal como eres, de acoger confiadamente tu historia y de abrazar todo lo que forma parte de ti y que ya desde hace tiempo has ido descubriendo. Es como poner la pieza final en un rompecabezas.
Este encuentro, o reencuentro, contigo misma, a través de Jesús o a través de alguna otra persona que actúa de anfitrión, es una experiencia que resulta fundamental, hace de fundamento, y sirve de base para vivir feliz. El hecho de que tú misma cuentes contigo, que te puedas sentir conectada con tu vida y todo lo que te ha dado, en definitiva, que tengas los pies bien puestos en el presente que estás viviendo ahora es una fuente de energía increíble que te servirá para encarar cualquier futuro.
Este tipo de experiencias suelen darse al final de una etapa de crecimiento, como por ejemplo la adolescencia, y marcan el inicio de una nueva etapa. Aunque sea una experiencia profunda y definitiva, con el paso de los años, alguna vez te verás en la necesidad de volver a empezar... pero eso ya vendrá más adelante.

viernes, 3 de junio de 2016

Con la voz y con las manos

Siempre me ha llamado la atención que Jesús en los evangelios casi nunca está solo: alguien le pide algo o se encuentra en medio de un grupo de gente o se reúne con los discípulos y hablan. Los evangelios son, de hecho, una larga lista de conversaciones entre Jesús y personas diversas. Incluso en la cruz aparece hablando.
Los discípulos han conservado el recuerdo de las conversaciones de Jesús. En ellas escucharon sus reflexiones, oyeron contar parábolas, aprendieron a rezar, descubrieron su preocupación por los más débiles, en alguna ocasión también se debieron sentir desconcertados y, a menudo, espoleados a avanzar.
En todas se adivina el tono de voz cercano y directo de Jesús y se percibe la complicidad que establece con las personas: las mira, las toca, les coge la mano, pasa los dedos por los ojos o los oídos... Atiende las personas en cualquier lugar y en el momento en que cada uno lo necesita. Más que hablar hace: escucha, acoge, refuerza, cuidado, acompaña, anima... Establecer un contacto real con los otros: este es rasgo principal de toda la actividad de Jesús.
En su entorno crea un clima de proximidad donde se pueden compartir aquellas cosas que son de verdad importantes para la persona, un espacio de libertad y confianza donde nadie tiene dificultades para ser él mismo, reconocer qué quiere realmente o qué necesita y darse cuenta de qué debe hacer para empezar a hacerlo posible.
Todo nace de este espacio de confianza. Hay un cúmulo de prejuicios, excusas, malentendidos, presiones sociales, máscaras, repeticiones sin sentido... que a menudo esconden las cosas importantes que quedan aplazadas una y otra vez y nos impiden crecer. La religión que propone Jesús tiene que ver con la superación de todo esto. La persona puede vencer sus miedos y reconocerse tal como es, y aceptar a los demás y la vida tal como se nos ha dado. A partir de aquí todo empieza a ser posible.
Recuerdo haber vividos momento semejantes hablando con algún amigo o en medio de una reunión en que todo el mundo se queda en silencio y se miran unos a otros con una sonrisa de complicidad... Encontrar o reencontrar, consolidar, cuidar, compartir este clima de confianza te servirá para descubrirte más y más a ti misma, para acercarte a los demás, para dirigirte a Dios ... Todo nace de ahí porque, desde Jesús sabemos que, esta experiencia de confianza es saborear ya la presencia de Dios.

domingo, 13 de marzo de 2016

La puerta

Fíjate con atención, escucha, observa, sigue a Jesús. Sus palabras o sus gestos, sus silencios, las personas con las que está, las reacciones que provoca a favor o en contra... todo en él puede convertirse en una pista o en un reto que te hará avanzar en las tus investigaciones. Con él podrás descubrir cómo es Dios, llegar a rincones de ti misma que desconocías, acercarte a los demás... Él es la puerta. Él te servirá de punto de partida para explorar nuevas posibilidades.
Y es que Jesús dio pasos decisivos para abrir nuevas rutas en el campo de la religión, de la búsqueda de la felicidad y de la vida plenamente humana. Y estas investigaciones que Jesús inició o profundizó no están agotadas ni cerradas. Están abiertas y a nuestro alcance para que podamos sumarnos a ellas. Gracias a él nunca empezamos de cero y a la vez todos podemos hacer nuestra aportación: continuar, desarrollar, profundizar, ampliar, concretar... todo lo que Jesús comenzó.
No está mal decir que Jesús nos lo ha dado todo, que la salvación, la felicidad, el bien, la justicia y la paz ya están aquí. Pero al mismo tiempo hay que entender que todavía queda mucho por hacer, para completar, para actualizar, para hacer que llegue a todo el mundo. Creer es dar por hecho que Dios ya nos lo ha regalado todo aunque a la vez debemos aceptar que aún necesitamos luchar para conseguirlo plenamente.
De Jesús nos ha quedado, más que normas o mandamientos, su vida. Esto es, sus experiencias recogidas por los discípulos. Nosotros podemos aprender muchas cosas si rehacemos sus experiencias: hacer silencio, estar con los pobres, indignarnos por las injusticias o hacer fiesta con los amigos como hizo él. Podemos revivir su experiencia desde nuestra experiencia y a partir de ahí podemos descubrir el valor de sus planteamientos, entender sus retos y preocupaciones, captar el sentido profundo de sus propuestas y continuarlas.
Rehacer las experiencias de Jesús ofrece infinitas posibilidades, siempre hay nuevos matices a explorar y nuevos pasos a dar, es una tarea que no termina nunca. Pero en esta aventura descubrirás hasta qué punto Dios puede hacerse cercano, lo gratificante que es ser realmente tú misma y qué felicidad se encuentra junto a los demás... Porque no se trata de terminar el camino sino de descubrir junto a Jesús una de las maneras más ricas y profundas de caminar.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Mediaciones

Para moverte por el terreno de la fe conviene que aprendas a distinguirla de otras cosas que no lo son. Rituales, palabras, templos, imágenes... son mediaciones, recursos, para expresar, compartir o apoyar la fe. Creer es saber enfocar la mirada más allá de todo esto.
Pero también debes saber que la fe desligada de todo fácilmente se te escapará de las manos como cuando intentas coger un puñado de agua. De la fe, como del agua, no puedes disponer si no tienes un canal, un depósito, una jarra o un vaso que la contenga. El canal, el depósito, la jarra y el vaso no tienen valor por sí mismos tienen valor por el agua que los llena pero son imprescindibles para conservarla.
Esto también explica por qué la experiencia de fe, básicamente la misma para cualquier creyente, puede dar como resultado vidas muy diferentes. Dependiendo de los medios, de las mediaciones, que se elijan para sostener esta fe te puedes encontrar desde personas a punto para matar en una guerra santa hasta personas dispuestas a soportarlo todo para no hacer daño a nadie, desde personas dedicadas a la lucha silenciosa de la meditación durante largas horas hasta personas que no paran de trabajar para hacer un mundo donde haya sitio para todos...
La fe, como el agua, toma la forma de su contenedor. Las mediaciones que utilices no son indiferentes. Es más, estoy convencido de que algunas formas de vivir la fe la anulan completamente, la ahogan y la hacen inviable. Hay mediaciones que en vez de ayudar a mirar más allá lo oscurecen todo. En cambio hay maneras de tomarse la fe que le dan más fuerza, más sentido, más intensidad...
Creer es encontrar una forma de vivir la fe día a día que aproveche de la mejor manera posible toda su fuerza. Yo cuando me imagino la fe me gusta más verla como un torrente que corre entre las rocas que como agua estancada, más como un camino que no un punto de llegada, más como una construcción que hay que ir inventando paso a paso que no una lista de instrucciones a seguir.
Para cuidar de mi fe me ha sido útil, y lo es todavía, seguir los pasos de Jesús. Para mí él ha dejado iniciados los mejores recorridos que conozco para dar vida a la fe, impedir que se quede dormida o cerrada, hacer crecer la persona y acercarse a Dios.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Debilidad

¿Estás dispuesta a confiar, a creer, a esperar más allá de lo que parece razonable? Esta perspectiva te hará más libre y descubrirás ante ti un horizonte lleno de posibilidades que nunca habías imaginado. Déjame pero por un momento que te hable de dificultades: la fe te da una visión más amplia y más profunda del mundo y de las personas... pero también hace que veas más claramente tus limitaciones.
Hay una gran desproporción entre querer amar a los enemigos, o desear anunciar a los pobres un cambio de vida, y los recursos de que dispones para hacerlo posible. La fe no esconde nuestras debilidades sino que las hace más evidentes. Descubrirlas puede ser un primer paso para superarlas pero no esperes que la fe las borre de golpe.
Sí, ya me imagino que estás pensando: si con la fe no te ahorras nada sino que más bien te complica la vida, ¿no es perjudicial? Más de una persona se echa atrás cuando se da cuenta de las complicaciones que tiene creer pero no está nada claro que dejar de tener en cuenta las dificultades sea una buena solución.
La fe auténtica es a la vez conciencia de las limitaciones y confianza en que se pueden superar. La fe es la capacidad de gestionar nuestros límites no dándolos por definitivos, tampoco ignorándolos, sin desesperarnos ni dejarnos engañar por el optimismo fácil. La fe nos da la vez el atrevimiento y la serenidad para responder con nuestras fuerzas limitadas a retos ilimitados.